La Comunicación No Violenta (CNV) fue desarrollada por Marshall Rosenberg, Doctor en psicología clínica, educador, reconocido mediador en conflictos internacionales y fundador del «Center for Nonviolent Communication» (CNVC), en el año 1984.
El objetivo de su carrera se centró en la resolución de conflictos desde nuevos ángulos de visión, nuevas formas de comunicación que pudieran tener alternativas pacíficas a la violencia que le llevó a crear la CNV.
Así llegó a crear un modelo claro y efectivo de comunicación cooperativa, consciente y compasiva.
La CNV se centra en la conexión. ¿Conectar con qué? Conectar con lo que sucede primero en nosotros mismos y luego con lo que sucede en los demás. Esta conexión aporta luz y claridad, permitiendo que se muestre la compasión natural humana, basada en la expresión honesta y la escucha empática de los sentimientos y las necesidades. Esta compasión implica poner límites a los demás cuando sus acciones me duelen o dañan. De hecho podemos decir, que sin límites no existe relación ni amor verdadero.
El gran cambio y aportación de Marshall es proponer un modelo donde se aprende a poner esos límites sin dañar la conexión.
¿Pero cómo se llega a esa conexión? Se llega aprendiendo a reconocer y a saber satisfacer nuestras necesidades humanas legítimas junto con las del otro, si así lo deseamos, de una forma auténtica y profunda.
Toda acción humana nace para cuidar una necesidad legítima, el problema está en las formas que elegimos para cuidarlas… muy frecuentemente son ineficaces, dolorosas o dañinas para nosotros y para los demás.
El modelo de comunicación vía premio/castigo, es el predominante desde hace miles de años. Afortunadamente el ser humano puede evolucionar, aprender y cambiar cosas por mucho tiempo que lleven siendo así. Eso es la base de la evolución humana.
Las relaciones humanas son la base de esa evolución humana, son la fuente de mayor sufrimiento y felicidad, por este motivo es tan importante PARAR y dedicar un tiempo a cuidar la forma en que nos relacionamos,
Cuando reconocemos la necesidad, es más fácil elegir la forma más adecuada y eficaz para cuidarla. Cuando aprendemos a reconocer nuestras necesidades se hace más fácil reconocer las de otros seres humanos.
Este nivel de comprensión nos permite resolver situaciones difíciles desde la cooperación y el respeto en vez de desde la agresión, las exigencias y los juicios de valor. Entonces «tener razón» ya no es tan importante ni es el objetivo de la conversación.

El Dr. Marshall Rosenberg estudió la siguiente pregunta:
¿Por qué es que algunas personas pueden permanecer compasivas aún en circunstancias sumamente difíciles?

Porque su enfoque está en los sentimientos y las necesidades propios y del otro.

Pero este enfoque ya lo apuntaban otros hace 200 años, en concreto Henry Wadsworth Longfellow lo resumió muy bien en su frase:
«Si pudiéramos leer la historia secreta de nuestros enemigos, encontraríamos en la vida de cada hombre, la pena y el sufrimiento suficientes para deshacer toda hostilidad»
En otras palabras, si aprendemos a conectar y ver a los demás, la actitud hostil desaparece y pueden aparecer otras formas de relacionarnos.

Es muy importante tener en cuenta que comprender o conectar, no es sinónimo de justificar, disculpar o consentir!

Comprender me lleva a actuar sin dejarme llevar por el juicio o la exigencia. Entonces puedo actuar desde el cuidado y la comprensión, con límites, firmeza y libertad.